Esta obra nació de una pregunta que rondaba mi mente en 1997: ¿Qué pasaría si un personaje del solemne carnaval veneciano despertara en medio de la exuberancia del Caribe? «Dove Sei Bauta?» —»¿Dónde estás, Bauta?«— es esa pregunta hecha materia.
Elegí la cerámica porque necesitaba sentir la fisicalidad de esa fusión. Sobre la arcilla fresca, tracé la figura de la Bauta, pero en lugar de los canales de Venecia, la rodeé con la energía de las palmas tropicales. Quería que el fuego del horno le diera a la escena el calor del trópico, y que el esmalte dorado de las hojas capturara esa luz caribeña, casi cegadora, que lo transforma todo.
Para mí, esta pieza es un sueño vibrante sobre la identidad y la transformación. Es la historia de un encuentro improbable, un diálogo entre dos mundos que se miran con extrañeza y fascinación. Es un instante de un carnaval eterno, sellado en la permanencia de la tierra cocida.





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